sábado, 7 de noviembre de 2015

Barrio Obrero de Cabimas: 60 años de auténticas gaitas y de anécdotas

Toda una vida ejecutando el auténtico sonido de la gaita tradicional 
Sesenta años han pasado desde que una muchachada se propuso hacer un conjunto familiar y de amigos para cantar gaita zuliana en el bloque siete, casa número siete, del populoso sector Barrio Obrero, al noroeste del municipio Cabimas.
Lo que comenzó como una travesura de muchachos en 1955, y que se mantuvieron haciendo hasta hoy, de la mano de las familias Manzano, Delgado, Parra, Herrera, otro grupo de jóvenes y los Silva, les ha dejado un fruto enorme: marcaron  historia en la música tradicional zuliana. Son Patrimonio Cultural de Cabimas y la agrupación más emblemática del estado. 
Una lluvia de anécdotas sabrosas guardan en ese trajinar. Porque mucho  se vive, se sufre y se goza cuando un grupo de zulianos rajaos se juntan para organizar parrandas.


Cuando Barrio Obrero se monta en tarima la lluvia de aplausos enciende cualquier presentación. 
Antonio “Matón” González, es uno de los fundadores. Entró a los 13 años. Ya tiene  73. Es furrero y el más puntual. Siempre llega una hora antes de cualquier toque. “Para movilizar un conjunto completo cuesta. Así que, se prestan los carros propios.  A mí me gustaba montarme con Alberto. Porque nos brindaba una tostada en cada toque”. 
“Matón” escuchó por primera vez el “¡Allá va, allá va, allá va!”,  ahora típico de  la gaita zuliana, de boca  de Magaly Herrera, luego de caer la dictadura de Marcos Pérez Jiménez, y el conjunto cantaba en Radio Libertad.  Él recuerda con agrado las anécdotas con “Chinco” Rodríguez, el gran compositor de Barrio Obrero, quien los elevó a otro nivel junto con Bernardo Bracho.
Conocimos a Bernardo en 1961 o 1962, en un Festival de Gaitas que se hizo en Radio Cabimas. Bernardo cantó y, cuando bajó, Héctor Silva, que siempre estaba pendiente de la gente que le gustaba la gaita, lo  invitó para su casa. Bernardo le dijo que tenía un compadre que escribía lo que él cantaba. ¡Chinco! Y lo llevó. Así se integraron al grupo”, cuenta “Matón”.  
La letra de “Así es Maracaibo” la compuso “Chinco”  Rodríguez  en un momentito. “Me la tarareó en la ventana de la casa de los Silva.  Él esperando me dijo: ‘Mirá, ¿vos sabéis tocar cuatro?’. Yo le dije: ‘No’. ‘ ‘Bueno, dale ahí un poquito a ver’. Y soltó: ‘Cuando llegues a un puerto de madrugada...  Como él tenía  memoria prodigiosa, no se le olvidó”.
Es el único conjunto que toca la auténtica gaita de furro en todo el Zulia.
El carácter contestatario de Barrio Obrero se hizo sentir desde sus orígenes. Recién estrenado como grupo profesional (en 1964  cuando grabaron su primer larga duración tras ganar un concurso), debían presentarse en el  Club La Rosa.
Cabimas estrenaba su primer obispo: Constantino Maradei. Y Barrio Obrero estrenaba su “Gaita a Cabimas”.  Maradei tomó el micrófono. Todos notaron su desagrado por la letra.  
“Él dijo que si las empresas parcelaban parte de la tierra para campos petroleros, era parte de la cultura mundial. Y quiso saber quién había compuesto esa letra tan dura. Chinco le explicó como repentista: ‘Yo soy José de la Chiquinquirá Rodríguez. El autor de esa gaita que acaba de escuchar con el Barrio Obrero. Con el afán del coplero que busca cotejar rima, le voy a hablar de Cabimas y su caudal petrolero. A mi pueblo el extranjero le sustrajo la materia, perforándole la arteria del órgano mineral, para dejarle al final desolación y miseria. Los gringos que aquí llegaron, se adueñaron de parcelas, que fueron las sanguijuelas que del subsuelo chuparon. A ellos no les aplicaron la Ley del Hidrocarburo, solo la ley del embudo que para entonces existía, porque al musiú permitía la mejor parte del crudo. En Ambrosio, en la Rosa, en La Salina. Yo vi los mejores pozos más flamantes de esas minas, hoy estamos en la ruina por culpa de mandatarios, que en su afán de autoritarios y lo avarientos que fueron, no sé cómo no vendieron a la virgen del Rosario”, evoca Matón.
Por ser un grupo familiar y de amigos, las reuniones para ensayos se adoban entre sancochos y mojitos.
“En una reunión, Bernardo era el encargado de hacer el mojito. ‘¡Hey muchachos , vengan a ver la paila!’, nos dijo  a   Alberto, a  Ramón Herrera y a mí. A él le gustaba probar mucho lo que preparaba. Entonces se le cayó la plancha sobre la comida. La agarró y se la metió otra vez. Nos dijo: ‘Ustedes no han visto nada’. Por supuesto no comimos. Lula, Carmencita, todos, decían: ‘¡Si está sabroso!’ Nosotros comimos arepitas en la calle del hambre. Cuando supieron lo que pasó, se formó un mollejero”, contó el cuatrista Wilmer Vargas, quien tiene 37 años con Barrio Obrero.
Los ensayos se concretan entre sancochos, cafecitos, mojitos y reuniones en familia.
Ser mujer gaitera no es fácil porque amerita parrandas y amaneceres. Las “muchachas” tenían sus custodios en sus parientes. Pero cuando se casaron la situación fue más compleja. 

“A mi esposo, Q.E.P.D,  no le gustaba que yo llegara  al  amanecer. Me esperaba  sentado, con mala cara, en la sala. Me miraba de reojo y me decía. ‘Haceme café’. Yo iba rapidito y le preparaba desayuno. Me estaba muriendo del sueño, pero,  lo atendía sin chistar. Me mantenía irreprensible en mis deberes, para que él no tuviera oportunidad de reclamos”, contó Carmencita Silva.
Movilizar 21 personas es una tarea titánica en cada presentación. En sus comienzos, les salió un “toque” en Maracaibo, en vivo, para la televisora Ondas del Lago. ¡Todo un lujo!
“No teníamos cómo irnos de Cabimas a Maracaibo. Ramón Herrera tenía un tío con una ranchera. Se la pidió prestada ‘un momentito’.  Ahí nos metimos todos. No había Puente. Era en  Ferry.  Pasaron horas y Ramón no regresaba y tampoco devolvía la ranchera. El tío comenzó a buscarlo. Llamó a la mamá y no aparecía. Sin poder hacer más que esperar prendió la TV. Casualidad se estaba presentando Barrio Obrero y lo vio. Estaba fúrico. ‘¡Vé! Fijate donde está el sinvergüenza ese!”, recordó entre risas Tito Delgado, cantante, compositor, con 59 años dentro del grupo.
El verso vivaz de los compositores de Barrio Obrero también ha sido objeto de anécdotas. En una oportunidad fue con un policía. “La comisaría de Ambrosio quedaba cerca de la casa de Chinco. Y un policía, de guardia, solo, el fin de semana, se iba a tomar cervezas, de rato en rato. Chinco le dijo: “Creo que mejor sería que el comisario de Ambrosio, cambiara pallá el negocio, y paca la comisaría”, recuerda Tito Delgado.
Y sustos han pasado a montones. Alexis Delgado, compositor  protesta del conjunto, tragó grueso cuando Carlos Andrés Pérez los invitó a tocar en su casa, al lado de Cecilia Matos, porque tenían una gaita que lo criticaba. Un ojo dimos, de Bambaíto Guzmán.
“Fue la primera vez que comí con tenedores de plata. La casa del perro de CAP era más grande que la mía. Pero él nos dijo: ‘Así es que me gusta a mí. Que me critiquen. Así veo los errores en que estoy cayendo. Si es con música mejor”.
Ya han partido con Dios 13 integrantes del conjunto. Renuevan el staff con familia y allegados. 
La nueva generación, al mando de Nano Silva ya cuenta  las suyas y goza. “Tuvimos toque en Caracas para el Dividendo Voluntario para la Comunidad. Saldríamos en vivo para Rctv. Para nosotros era algo importante. Pero se nos acercó Popi, el payaso. Lo miré y le dije: ‘¡Usted si es feo!”. Tenía un flux. Resulta que él era el productor del evento. Ordenó que no nos transmitieran en vivo. Nadie a nivel nacional nos vio. En el grupo me cayeron a piñas”.
En Barrio Obrero sus integrantes tienen ingresos por otros oficios y profesiones, porque de la gaita no pueden vivir. Solo es pasión. En sus filas hay maestros, trabajadores petroleros jubilados, comerciantes, diseñadores, empleados públicos, economistas, administradores, estudiantes, atletas (uno de ellos, Víctor Manuel Silva, es el número uno de la selección nacional de tiro), periodistas, docentes.
Hoy no están en sus filas Justo Montenegro, ni Lula Silva, ni otros. Pero siguen siendo Barrio Obrero. Es la única agrupación donde sus exintegrantes siguen siendo suyos.
Le han dado el último adiós a 13 integrantes y con más familia o allegados renuevan el staff.  Les partieron con Dios:  Chinco Rodríguez, Bernardo Bracho,  Alberto,  Daysi, José  y Miguel Silva, Ramón Herrera, Tito Manzano, Ramón Yoris,  Luis Ruiz,  Luis Contreras, Rafael Dupuy y Nelson Romero (no es el ayayero).
Han pasado un sin fin de músicos profesionales que le pudieron haber dado un vuelco musical. Pero privó la conciencia sembrada por nuestros antecesores. Comenzamos con un furro hecho con  un envase donde venían los clavos para carpintería. Con una charrasca de cobre. Un pequeño cuatro. Una tambora chiquita y un grupo de muchachos entonando villancicos, aguinaldos y una que otra gaita. Ahora, nuestro legado es la gaita pura. Gaita de furro”, citó Francisco Javier Yoris, en su discurso de orden cuando a Barrio Obrero le entregaron la más reciente distinción universitaria: la Orden Rafael María Baralt, en su primera clase, una de las decenas de condecoraciones que tienen en su trayectoria.
Hoy miran atrás y ven con agrado el día impreciso de 1955 cuando Héctor Silva Narváez fue a Puerto Escondido para cazar y pescar. Visitó a Ernesto Prieto, buen cazador y gaitero, quien lo  invitó a presenciar una parranda en la enramada de su casa. Allí conoció la gaita. Silva no sabía siquiera qué era un furro. Menos una gaita. Conoció la matraca, porque no tenían tamboras. Al llegar a su casa de Cabimas, en Barrio Obrero, reunió a familiares y amigos para formar un grupo igual. Así nació este emblema de la gaita zuliana, orgullo de la zulianidad.


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“El Baúl Gaitero”