“Cuando la gratitud es tan absoluta las palabras
sobran”
Álvaro Mutis
Álvaro Mutis
Estas palabras no pretenden ser halago oportunista
ni adulancia lacaya. Son acto de valoración y justicia a uno de los músicos
jóvenes mejores de este país. Un zuliano que ha erguido su catedral de éxitos a
través de su percepción de la música. Nació en Maracaibo el 15 de septiembre de
1980. Él es ejemplo magnífico y de fidelidad de buen ciudadano, que se ha
preparado para destacar en el ejercicio profesional. Es un venezolano con
talento ciclópeo que desborda en cada una de sus obras desde los predios
sonoros. Hablamos de JEAN CARLOS GONZÁLEZ QUEIPO, él es compositor, productor musical,
director, intérprete vocal, pianista, musicólogo, gerente cultural. Licenciado
en Música, Licenciado en Educación mención Música egresado de la Universidad
Católica Cecilio Acosta, Magister en Música con énfasis en Composición egresado
de la Universidad Simón Bolívar, asimismo, su formación técnica musical ha sido
complementada cursando estudios de piano en el Conservatorio de Música José
Luis Paz. Ha sido ganador a su corta edad de diversos premios nacionales y
regionales. Un baluarte definitivo de Venezuela, que va filiado a la idean de
uno e los más importantes estadistas del siglo XX, el Dr. Fernando Chumaceiro:
“No hay mayor donación que educar y transmitir los conocimientos, quizás sólo
comparable con la trasmisión de salud…”
¿Qué significa para esta sociedad un músico?
Jean Carlos González: De manera general un músico
es la voz de la sociedad, es la posibilidad de hacerse (la sociedad) visible y
audible, es su oportunidad de levantar la voz a través del arte y los medios de
comunicación. El músico es, o debe ser, representación y reflejo sonoro de su
entorno. Para esta sociedad, compleja como lo sabemos, el músico es un ser
diferente del artista musical. El músico está frecuentemente relacionado al
ambiente festivo, familiar, nocturno, el músico es aquel personaje pintoresco,
económicamente débil, que recibe un mínimo pago por la demostración del don que
se le ha permitido cultivar y que hace posible 45 minutos de música para bailar
o serenatear a un ser querido en una ocasión especial. Para esta sociedad un
artista musical es aquel que brilla en los medios de comunicación, que es
“famoso”, que cobra en monedas extranjeras, que recibe grandes premios
internacionales (o al menos es tomado en cuenta para recibirlo), que ha contado
con el trampolín de la comercialización de su arte, sin importar qué canta ni
qué enseña o promueve con su canto.
¿Por qué los músicos son considerados profesionales
de poca valía?
Jean Carlos González: Podría enfocar mi respuesta
en señalamientos hacia políticas gubernamentales, y aunque puede haber un poco
de eso, siento que la misma sociedad es la encargada de valorar nuestra música
y nuestros músicos, reconociéndolos como profesionales tan importantes y
necesarios para ella como el médico, el abogado, el ingeniero, el arquitecto,
etc. Esta sociedad parece estar deslumbrada por el comercio musical global.
Pareciese que el artista internacional, el que aparece todos los días en la
televisión y acapara las opiniones en las redes sociales, es el realmente
importante y trascendente, cuando peligrosamente en muchos de los casos
confrontamos un producto musical que genera mensajes contrarios a la moral y a
los valores humanos. El músico vive su mundo, se refugia en su capullo sonoro:
su instrumento o su voz, sale a la luz para mostrar su talento, cobra modestamente por ello
y vuelve a su capullo, a su mundo. El músico se entrega disciplinadamente a
cultivar su arte a diario, se esfuerza por ser mejor, estudia; nuestra sociedad
debería ser doliente de sus músicos, debería valorarlos, enaltecerlos,
enorgullecerse de ellos e impulsarlos para que sean ellos quienes ocupen los
primeros lugares en el rating nacional e internacional, para que sean quienes
más vendes discos, quienes más se presentan; de esa manera las políticas
gubernamentales también se encaminarán en función de ese fin; cada vez será más
sólido el pisos que les sostiene y cada vez sería mejor el producto musical
venezolano.
¿Por qué desde la academia se considera la música
popular algo de bajo nivel: “Deleznable”?
Jean Carlos González: La academia, en su visión
estricta y hasta cientificista del arte, reprende con firmeza la informalidad y
ligereza de la música popular: su lenguaje, símbolos, géneros, técnicas; pero
la verdad es que se complementan para el bien del consumo universal. Los
actuales programas de educación universitaria (la academia) han entendido esto,
y han incorporado a sus mallas curriculares cátedras y/o cursos libres que
tienden hacia el estudio de la música popular. Para mí el arte musical es uno
sólo, y puede tener todas las caras que la creatividad del músico pueda
generar. Hoy día es frecuente escuchar música de Bach con acompañamiento de
samba brasilera, o la 5ta de Beethoven aderezada con timbales, congas y piano
salseado, en fin, es sólo un conocido ejemplo que muestra la transparente y
frágil frontera entre lo académico y lo popular, para mí, dos saberes
necesarios.
¿Cuál es el músico venezolano más influyente y
relevante para tu carrera?
Jean Carlos González: Es complejo hablar del músico
venezolano más influyente para quien dio sus pininos aprendiendo los acordes en
el cuatro y pisando las teclas de un piano tocando música de Luis Guillermo
Sánchez, Jesús Reyes, Rafael Rincón González, Rafael Salazar, Luis Felipe Ramón
y Rivera, Heraclio Fernández, Chelique Sarabia, Ricardo Aguirre, Serenata
Guyanesa, Cecilia Todd, y cuántos otros más que aún son razón de estudio como
Henry Martínez, Luis Laguna, Ilan Chester, Ernesto Mora, Pablo Camacaro, Ramiro
Quintero.
¿Qué opinión pudieras compartir con nosotros
relacionada con la música venezolana de raíz tradicional?
Jean Carlos González: Es la música que nos define,
que nos caracteriza. Es la música que configura nuestra identidad como
venezolanos. Es aquel joropo que conservando su savia originaria, acepta y
coexiste armónicamente junto a una guitarra eléctrica, una batería, una sección
de violines, unos metales, un arreglo con influencia de jazz, sin dejar de ser,
sin dejar de sonar a joropo, sin dejar de ser venezolano.
¿Cómo es mejor un músico “Guataquero” o académico?
Jean Carlos González: El mejor músico, si existe,
con seguridad debe ser 100% guataca + 100% academia: una equilibrada mezcla
entre Astolfo Romero y Ludwing van Beethoven.
¿Qué opinas de la frase del maestro Pérez Esclarín:
“Educar es enseñar a amar”?
Jean Carlos González: Estoy en absoluto acuerdo.
Hay frases que parecen simples pero portan un significado trascendente y quedan
grabadas para siempre en el imaginario colectivo, definitivamente esta es una
de ellas. Ojalá nuestra educación tendiese a enseñarnos a amar nuestra música y
nuestros músicos, seguramente tuviésemos un segundo Gustavo Dudamel dedicado a
dirigir música venezolana por todo el mundo.
¿En cuál arista de la educación musical haces
énfasis para desarrollar tu trabajo?
Jean Carlos González: Definitivamente en la
educación de la música venezolana. Es absurdo estar de espaldas a la difusión
de nuestra música. Su amplitud, complejidad y diversidad es objeto de estudio
en el mundo entero, aquí no debe ser diferente. Desde las cátedras de armonía y
análisis que dicto en la Universidad del Zulia procuro siempre acercar a los
estudiantes tanto como sea posible a la revisión de la música venezolana, esa,
la de raíz tradicional, esa que nos ha proveído la síncopa, el cinco octavos
(5/8), la percusión afro poli-rítmica, la incontable variedad de joropos, las
gaitas, la exquisita versificación y tantos elementos más que el planeta entero
admira y aplaude.
¿Cómo evalúas el movimiento musical de Venezuela?
Jean Carlos González: El movimiento musical de
Venezuela tiene varias caras. Tiene una cara ligada a la religiosidad, a lo
ritual, a las manifestaciones folclóricas arraigadas a localidades con denso
contenido histórico e información mística y ancestral. Tiene una cara
nacionalista-formal-académica que se resiste a morir, que está dispuesta a
transformarse, a nutrirse de otras fuentes y a reorganizarse, pero sonando.
Tiene una sólida cara sinfónica, con un decidido apoyo gubernamental que le ha
permitido ser, crecer y mantenerse. Tiene una cara popular y festiva que en las
noches abre espacio también para lo sinfónico y musicaliza cualquier contexto.
Tiene una cara comercial de proyección internacional reservada para unos pocos
(…) Ninguna cara más importante que la otra. Todas con una función social
definida, necesaria. Todas funcionando en justo equilibrio reportarían hacia el
mundo entero lo que ya conocemos: que la música venezolana es el producto de la
combinación de los más hermosos timbres, rimas, géneros, ritmos, acordes y
melodías que puedan existir.
José Rafael Rivero
Twitter: @JRivero29
e-mail: rafa29460@gmail.com
Twitter: @JRivero29
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